La Pérdida

Aquella madrugada fue como ninguna otra para él. El peso de la preocupación parecía aplastarlo al despertar cansado y confundido. Su mente aún aturdida por la noche anterior, en la que la desaparición de algo tan preciado para él lo había mantenido en vela. Se sentó en el borde de la cama, intentando ordenar sus pensamientos y recordar dónde había dejado aquello que tanto valoraba. Sabía lo que le faltaba, pero la ubicación exacta se le escapaba de la mente como agua entre los dedos. Con la tenue luz de la mesita de noche iluminando la habitación, comenzó su desesperada búsqueda. 

Registró los cajones de la mesita una y otra vez, sin encontrar ni el más mínimo rastro. Miró debajo de la cama, revisó cada rincón de la habitación, escudriñó en el interior del armario, pero su tesoro seguía fuera de su alcance. La ansiedad comenzaba a dominarlo, hasta que un pensamiento le iluminó la mente: quizás su preciado objeto no era material, sino algo mucho más valioso y abstracto. 

Decidió entonces explorar cada rincón de la estancia en busca no de un objeto físico, sino de un sentimiento. Fue en ese momento cuando el ruido de su búsqueda despertó a su pareja, que con sorpresa y fastidio le interrogó: “¿Qué demonios has perdido esta vez?”. Él, con calma y una pizca de humor, respondió: “Tu cariño. He extraviado tu cariño. ¿Se te ocurre dónde podría estar?”. 

La mirada de su pareja cambió instantáneamente, del desconcierto a la complicidad. Ambos entendieron que lo que buscaban no estaba a la vista, sino en lo más profundo de sus corazones. Juntos, comenzaron a rebuscar en cada recoveco de la habitación, no en busca de un objeto material, sino de un sentimiento tan fundamental como el amor que compartían. Y así, entre risas y abrazos, encontraron la verdadera riqueza que había estado perdida por un breve instante en la oscuridad de la noche.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Publicado por marcoasantanas

Soy un despistado avispado. Un desmemoriado que solo recuerda lo que le fascina. Un inculto enamorado de la cultura. Así, podría seguir definiendo esa disfunción “defecto-virtud” que anida en mi desequilibrado universo interior. Pero calma, no lo haré. Sí, lo admito, soy caótico, pero siempre llevo el emblema de “Estamos mejorando” en la frente. Por eso, este blog y sus artículos están en continua transformación, impulsados por mi insaciable deseo de perfeccionarlos.

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